jueves, 27 de junio de 2013

CAPÍTULO I

CAPÍTULO I

Cuando abrió los ojos con pereza vió la luz de su cuarto encendida y por un momento se asustó pensando que era demasiado tarde, pero se tranquilizó al ver aún la oscuridad a través de la ventana. Sonrió complacida y se dispuso a dormir otra vez, pero se le ocurrió mirar la hora, y al verla su buen humor se esfumó. Tan solo faltavan tres cuartos de hora para que su despertador sonase. 
Con el cuerpo pesado se levantó de la cama e intentó ser positiva. Su primer día en un instituto nuevo, lejos de sus antiguos amigos. Suspiró mientras se deshacía de la coleta con que había dormido. Se movió sin cuidado entre las cajas de cartón llenas de ropa y objetos. Escogió una bastante grande y quiso quitar la cinta aislante, pero tras varios intentos fallidos bajó a buscar el cutter. Con la herramienta ya en las manos intentó cortar la caja. Estiró el cutter hacía ella, y para una mayor presición aguantó la caja con la otra mano dejándo el pulgar al descubierto. El cutter se quedó atascado, así que tiró una vez con todas sus fueras. Consiguió abrir la caja, pero no fué hasta que no vió el hilillo de sangre de su dedo que no comprendió.
-Lo que me faltava - dijo con resentimiendo hacía sí misma.
Abrió mejor la caja donde guardaba parte de la ropa que más le gustaba y se puso a buscar. Sacó sus pitillos negros lisos y una sudadera roja sin capucha y las palabras "Hold you" grabadas en blanco. Se vistió deprisa y buscó las botas militares. No encontró las negras así que tuvo que llevar unas beige del mismo modelo, pero que la irritaban al caminar porque la suela era resbaladiza.
Resopló de mala gana mientras se ataba los cordones intentando no partir alguna de sus frágiles y largas. Tal vez debería tomar más lácteos, porque su falta de calcio era más que visible, pero la idea de tener que comer el queso que tiraba de sus bocadillos o tomar la leche que sobraba al tomar los cereales de provocaba malestar. 
Salió de su cuarto con intención de ir al baño, pero se acordó que ahora tenía uno propio. Volvió a abrir la puerta de su cuarto y buscó la del baño. Después de divisarla de metió dentro y se lavó la cara y los dientes. Usó el perfume que su madre creía haber perdido semanas atrás y se pasó ligeramente el peine. Después con ayuda de agua y espuma terminó de arreglar las ondas ligeramente riazdas.
Salió y tomó lo que sería su mochila y bajó las escaleras. Escribió una nota corriendo en la que anunciaba que volvería sobre las cinco y media de la tarde. Sus padres hacía tiempo que se habrían marchado. Cerró la puerta con llave y empezó a caminar calle abajo hacía el instituto. Pasó por al lado de la casa que la mantuvo despierta suficientes horas de la noche como para causarle bolsas malva bajo los ojos, que supo esconder bajo consistentes capas de crema. El dolor de cabeza por culpa del ruido se había marchado, pero los persistentes ojos castaños del chico aún estaban presentes en su cabeza.
Llegó a la puerta de lo que sería su escuela, pero que percibía más como una mansión. Vió a otra gente entrar así que les imitó. Miró el papel de la inscripción y subió al tercer piso buscando una de las clases de Décimo (4to ESO). Esperó fuera hasta que vió llegar al profesor y le saludó. Él subió la barbilla preguntando si era ella y Julia asintió.
El hombre masivo, con espalda ancha y hombros huesudos entró en clase y ella le siguió. En el aula espaciosa se habían formado varios grupitos de gente que hablaba entre sí. Julia recorrió con la mirada a todos. Había todo tipo de personas. No reconoció a nadie. Ni siquiera a él. Tal vez fuera a la otra clase, o tal vez mucho más mayor. Pero... pero a lo mejor después de lo de anoche no habría venido. O simplemente... Simplemente tendrá que dejar de darle vueltas, pero esos ojos marrones son difíciles de sacar de la cabeza.
-Buenos día - saludó el profesor, pero al ver que no surgía efecto y nadie se tranquilizaba carraspeó con fuerza y la gente se giró dándose cuenta por primera vez de su presencia - Sentaros, porfavor.
Se oyeron varios resopidos y quejas por parte de todos, que con movimientos perezosos abandonaron las sucosas conversaciones para dirijirse a su lugar. Julia sonrió para sí pensando que ella haría exactamente lo mismo.
-Hace unos pocos días la señorita Julia Williams se ha mudado des de Miami-Florida hasta aquí, así que pese a que el curso ya haya empezado y estemos a más de la mitad del primer trimestre se ha podido incorporar en nuestro centro - el hombre sonrió y quiso continuar, pero la puerta se abrió y un chico con el cabello despeinado y adormilado entró por la puerta - Blake, ¿cree usted que es hora de entrar en clase sin avisar?
Éste se giró hacía el profesor con expresión molesta, pero al darse cuenta de la presencia de ella se despertó de repente y parecía tener fuerzas nuevas para ponerse rojo e intentar arreglar su mata de pelo rubio cenizo. Julia, por su parte, le miraba fijamente y tenía la boca ligeramente abierta. Sintió como le suben los colores.
-Esta tarde estarás castigado hasta las siete estudiando. Como iba diciendo, Julia acaba de llegar a nuestra comunidad de San Francisco, así que os pido que la ayudéis en lo que podáis para que su adaptación sea más rápida - dijo mientras ella seguía con la mirada a Blake, que se sentó en una de las últimas filas junto a una chica con el pelo casi blanco recogido en una trenza de lado - Así que Julia, si quieres decir algo antes de que te indique tu sitio, o si alguien quiere preguntar algo ahora puede hacerlo.
-Siendo de Miami, ¿te podemos considerar una futura estrella de películas "especiales" para hombres de verdad como yo? - preguntó un chico formando una sonrisa burlona.
-Carter, no creo que esa pregunta sea de lo más...- empezó el profesor, pero Julia se prometió a si misma antes de empezar la nueva vida que no dejaría que cosas como estas pasasen. 
-Nunca he pensado en dedicarme a actuar en séries infantiles, pero si eso les causa placer a los hombretones de verdad como tú podría considerar hacer un cásting para dobladora de voz en Dora la Exploradora - dijo ella con cierta ironía mientras observaba complacida mientras la sonrisa de éste se disipaba - Claro, siempre y cuando ésto no sea demasiado extremo para tí.
-Bien, Julia, síentate allí - indicó el profesor cortante hacía una mesa vacía en penúltima fila al lado de una chica morena. Pero la chica morena no importaba, importaba el chico que se sentaba detrás de ella, y que ahora mismo la estaba mirando con los ojos agrandados por la impresión.
Bajo la mirada atónita de la mayoría se dirigió a su nuevo sitio. Saludo débilmente a la chica y se sentó a su lado, sacando un estuche chillón y un carpesano lleno de dedicatorias y separadores de colores. Tenía las puntas roídas, pero un gran valor sentimental. Su tapa había sido recubierta de docenas de fotos de su antigua vida. Se dispuso a buscar las hojas de papel que había comprado cuando la chica de su lado habló:
-¿Que acaba de ser éso? - preguntó mientras la miraba fijamente, pero Julia sólo estaba atenta a la persistente mirada de Blake en su nuca.
-Creo que ha quedado claro que es una pregunta que han hecho - respondió de mala gana mientras intentaba descifrar la letra complicada de la pizarra. Estaba harta de esta ciudad y estaba harta de este instituto.
-Creo que con ése carácter que tienes no llegarás a mucho aquí - dijo la chica mientras jugueteaba con un mechón de su pelo negro que le llegaba hasta los hombros.
-Lo sé - suspiró sonoramente - Pero estoy harta de todo. He tenido que dejar atrás una vida no tan maravillosa, pero aún sin tener una mejor amiga o novio era mi vida y sabía qué hacer y cómo hacer, pero aquí simplemente me siento perdida y tonta.
-No digas eso, tonta. Vas a ser genial aquí, y encima más si tienes amigas cómo nosotras, ¿verdad Dakie?preguntó ésta mientras se giraba a ver a la rubia, que rehacía por décima vez aquella trenza.
–¿Huh? – soltó ella despistada, mientras la morena negaba para sí misma al ver a su mejor amiga tan atontada.
Des de que se ha enamorado la pobre parece que le hayan succionado el cerebro, pero ya verás que luego vuelve a ser la misma loca de siempre – dijo ésta con una sonrisa sincera, cosa que hizo que Julia se sintiera mejor y dejara los pensamiento negativos de lado – Por cierto, Julia, me llamo Sienna y la embobada es Dakota. Este chico tan guapo y adormilado de aquí al lado – dijo señalando con cariño al rubio que habia entrelazado sus manos en forma de almohada y había apoyado la cabeza – es Blake. Mi consejo es que no te enamores de él, y menos de Carter.
Julia sintió una puñalada. No es que estuviera enamorada ni nada, ni siquiera le gustaba. Peor la idea de tenerlo prohibido no la hacía gritar de alegría.
–¿Él te gusta? – preguntó con miedo la chica mientras miraba el polo a rayas del chico que parecía dormir plácidamente sobre la mesa.
Al oír el comentario Dakota rió por lo bajo. A Julia le molestó eso, pero no dijo nada. La rubia se dió cuenta de la irritación de la otra así que contestó rápidamente.
–Nosotras le consideramos nuestro hermanito pequeño, aunque la mitad de éste instituto esté detrás de él. Shinn te lo decía porqué aunque a veces se haga el duro en realidad es muy tonto – Julia asintió contenta, pero antes de poder responder oyeron una voz estridente.
–Señorita Williams, me parece genial que te adapte tan bien, pero intenta prestar un poco de atención a clase también – dijo el profesor en un tono enfadado y gritón, y pareció que fué lo único que consiguió que Blake se despertara, porqué del susto casi se pone de pié. Toda la clase empezó a reír por lo bajo, pero eso solo causó que el enfado del profesor aumentara. 
Julia decidió callar las próximas dos horas, cosa que no consiguió, así que empezó a intercambiar notitas con sus dos nuevas conocidas mientras el chico de su espalda volvía a caer en un gran sueño.
Cuando el timbre sonó para dar comienzo al almuerzo Julia casi salta de la silla de alegría. Así que recogió sus cosas y las dejó junto a la mochila. Rebuscando dinero en la mochila se sorprendió al ver a casi toda la clase alrededor suyo mirándola como si fuese el nuevo descubriemiento del siglo. Le hacían preguntas extrañas relacionadas con su manera de hablar, su edad, sexualidad y si la expulsaron del otro instituto por acudir desnuda a clase. La sorpresa fué aún mayor cuando Dakota la cogió de la mano, y, seguida de Sienna la sacaron del círculo donde no habría tardado en gritar por el agobio. Salió por la puerta de la clase protegida por la rubia y la morena. Miró hacía tras varias veces, pero la multitud parecía haberse engullido a Blake, a quien no pudo ser presentada.
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Bueno, ya habéis conocido a la protagonista de la novela. Sinceramente creo que el capítulo es un poco penoso, pero quería acabarlo cuanto antes. Siento no haber subido anoche, pero escribir un capítulo tan largo y para mi elaborado cuesta lo suyo xD Tenéis suerte de que ahora no pueda quedar y mi vida social sea cero que si no veríais capítulo por Pascua y Navidad xDDDD Ala, comentad :'D. or cierto, el prólogo iba para Clau, así que este capítulo va para Sara, quien me ha dado ánimos de continuar. Gracias!!!
 

martes, 25 de junio de 2013

Prólogo

PRÓLOGO

Blake abrió la ventana poco a poco sin hacer demasiado ruido. El aire frío de la noche le llegó y sintió como se le pone la piel de gallina. Deslizó las piernas fuera en silencio y después se dejó caer. Sintió el cosquilleo del impacto en los talones al tocar la tierra húmeda. Sacó el móvil del bolsillo no demasiado espacioso de los pantalones y tocó un botón al azar. Cuando la pantalla se iluminó quedó cegado, pero vió la hora. Iba tarde. 
Empezó a correr cogiendo carrerilla y escaló la valla azul recién pintada, apoyó las dos manos en diferentes puntas de los altos palos consecutivos y se impulsó. Volvió a sentir el persistente cosquilleo en los talones al tocar el principio de la acera. Empezó a correr, pese al cansancio y a la poca visibilidad que le ofrecía la oscuridad.
Divisó en la noche las diferentes siluetas cerca de las motocicletas caras y los relucientes deportivos de lujo. Hablaban alto y llamaban mucho la atención. Él pensó que eran patéticamente malos en pasar desapercibidos. Aumentó el ritmo y sintió sus piernas muy pesadas, pero continuó. 
Las siluetas se dieron la vuelta y fijaron sus miradas en él, que seguía corriendo para llegar a ellos. 
–Has tardado, tío – se quejó uno de ellos mientras tiraba un cigarro casi al completo des de su boca con un gesto fresco – pensábamos que te habías echado atrás.
Mientras el mismo pisaba la punta aún ardiente del cigarro, Blake llegó a menos de dos metros de ellos y paró. Posó cada mano en una rodilla y bajó la cabeza.
–Lo siento, tíos – se excusó éste, mientras que con la camiseta ajustaba limpiaba el sudor de su frente.
–¿Porqué no has venido en el Hurley? – espetó el otro mientras encendía otro cigarro y inspiraba con fuerza de él.
–Se me olvidó llenar el depósito – mintió, esperando a ver alguna reacción del otro.
El otro se pasó la mano por su pelo moreno, apenas divisible en la noche y volvió a inspirar del cigarro, por segunda vez, después lo dejó caer. Le miró varios segundos y se dió la vuelta.
Está bien – fué lo único que dijo.
Blake intentó recuperar fuerzas y alcanzó al otro, que se situaba justo delante de la resta de chicos presentes.
–Oh, vamos Carter, no puedes enfadarte por semejante tontería – dijo él intentando formar una sonrisa burolona levantando la comisura derecha Hace dos semanas te tuve que cubrir delante de ellos. Casi me cogen por tu culpa.
–Lo sé el moreno suspiró mientras colocaba su brazo en el hombro de su amigo – pero estoy demasiado asustado, entiéndeme. Si no salgo de ésta y mi padre se entera me encerrará de por siempre en uno de esos colegios públicos en algún pueblecillo sucio donde ni siquiera habrá Marlboro Gold de calidad, y si lo hay, tendré tan poco dinero que ni siquiera me lo podré comprar.
–No seas tan duro con él Blake también suspiró envidiando la situación de su amigo. Si su padre le otorgara tan mínima atención como para saber que debe más dinero de lo que vale la nueva Hurley que le compró a modo de disculpa por olvidar llamarle  o responderle al móvil durante más de siete meses – Tan solo te quiere demasiado.
Carter quitó el brazo del hombro de su amigo y volvió a sacar un cigarrillo. Con la cabeza le hizo un gesto a su amigo para preguntanrle si quería pero éste negó una vez. Con la Zippo tuneada recién adquirida lo encendió y inspiró fuertemente, bajó el cigarro para hablar.
–¿Qué tal tu madre? – preguntó y después volvió a inspirar fuertemente.
Bien – contestó con amargura – Está mejorando de una manera sorprendente, pero mira, ya casi hemos llegado – cortó él mintiendo, no queriendo hablar del tema. No había sido del todo sincero con su amigo. Últimamente su madre había ido a peor. Ya ni siquiera podía comer sola. Estaba todo el día recostada en la cama y leía con sus ojillos escondidos detrás de las gafas de montura fina. Blake temía por la salud de ella, por ello mismo no se montó en la Hurley y prefirió tardar, no quería preocuparla.
La persistente mano de alguien en su brazo le sacó de sus pensamientos. Se dió la vuelta y vió el brillo de los ojos verdes de Kyle en la oscuridad.
–Buena suerte, tíos – dijo mientras le dió dos palmadas en la espalda en señal de buena suerte. Él se vió ligeramente irritado por aquel gesto, pero no dijo nada. Así que ya era hora. Levantó la vista para mirar la grandiosa casa de vacaciones de algún empresario rico que no se daría cuenta de de algunos miles de dólares ausentes, y mucho menos de algunas joyas sin importancia.
Mientras Ryan se ocupaba de la cerradura, Blake y Carter esperaban impacientes a su lado para poder acabar aquel calvario. Cuando la maniobra de la cerradura obtuvo su final Ryan y Kyle adoptaron puestos de vigilancia fuera de la casa mientras ellos dos entraban en la casa.
Al pisar el umbral de la casa sintió olor impropio a tienda con artículos en embalaje, no a casa habitable. Tocó la puerta y la quiso cerrar, pero en el último momento la dejó antreabierta. Se adentraron más y cada uno se ocupó de una parte. Era su primera vez, aunque Blake había oído varias historias por parte de Kyle de cómo se hacía así que fué directamente a buscar los esmóquins caros, donde se solía guardar gran parte del dinero cash de la casa.
Avanzó a ciegas hasta un pasillo que percibió como espacioso hasta llegar a una puerta. La abrió, pero no pudo ver nada. Con el miedo de no ser descubiertos no encendió ninguna luz, y se odió a si mismo por ser tan descuidado y no traer una linterna o algo con lo que iluminar. Pero entonces se dió cuenta de que llevaba el móvil encima y podría usarlo. Lo sacó de ese bolsillo tan poco espacioso de sus pantalones preferidos. Volvió a apretar un botón al azar y la pantalla iluminó de una forma tenue la habitación. La habitación solamente contenía una cama con el colchón empaquetado en plástico. Quiso inspeccionar el pequeño armario pero oyó un ruido ensordecedor. Se dió la vuelta rápidamente y empezó a correr por el pasillo. Al salir de él se golpeó con algo que no llegó a ver y maldeció en voz baja. El ruido aún se oía con la misma intensidad. Se hizo sitio entre los muebles con los que no podía permitirse perder tiempo para identificarlos.
Se apresuró en salir por la puerta a oscuras y fuera se encontró con Kyle y Ryan alarmados preguntando, pero él se limitó a subir los hombros, negando tener información. Esperaron varios segundos que se hicieron interminables hasta que Carter apareció en la puerta blanco como la tiza.
Mientras Kyle se ocupaba de poner su Porsche recién encerado en funcionamiento para poder correr, el móvil de Blake emitió un pequeño sonido, y al querer mirar el mensaje, la pantalla volvió a iluminar de una forma ténue. Pero la suave luz bastó para ver la silueta de una chica sentada encima de su tejado con el móvil en la oreja, paralizada mirándoles fijamente. Él la miró atentamente durante unos segundos, entonces ella sintió su persistente mirada y se giró. Sus miradas coincidieron durante otros segundos. Blake se quedó hipnotizado mirándola, hasta que oyó va voz alarmada de Carter diciéndole que entre en el coche ya que se oía la estridente sirena de la policía por encima de la alarma. Ella apartó la mirada avergonzada y volvió a entrar por la ventana dentro de su casa. Él también entró en el coche.
–¿Qué coño ha pasado? – preguntó Ryan con un ligero aire molesto.
Blake volvió a levantar los hombros, ausente de la conversación.
–Intenté abrir la caja fuerte – respondió Carter, mientras jugueteaba con un hilo suelto.
–¿Habéis conseguido algo? 
Carter negó con la cabeza y quiso sacar un cigarrillo, pero Ryan se lo quitó de entre los dedos y lo encendió él. Carter levantó la comisura de los labios y sacó otro.
¿Y tú, Blake? – intervido esta vez Kyle, mientras seguía con los ojos posados en la carretera.
–Nada – susurró mientras tapaba con la manga de su jersey la nariz para no recibir tan de golpe el humo del caro Marlboro Gold.
–Carter, eres idiota – dijo Ryan riendo – pero al menos no nos han visto nadie– dijo Ryan soltando una carcajada – pero al menos no nos ha visto nadie.
Blake sonrió para si mismo y se giró para echar una última mirada en dirección de la casa que hace mucho dejaron atrás.
–Si, nadie – susurró.
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Quiero dejar claro que esto és solo el prólogo, y estos sólo son una pequeña parte de los protagonistas. Nuestra estrella es la chica del tejado. Esto solamente es para que entendáis la historia, es algo como un bonus para más adelante. Contad porfavor. Ah, y esto va para Clau, que no me dió verguenza comentárselo :''D