Cuando abrió los ojos con pereza vió la luz de su cuarto encendida y por un momento se asustó pensando que era demasiado tarde, pero se tranquilizó al ver aún la oscuridad a través de la ventana. Sonrió complacida y se dispuso a dormir otra vez, pero se le ocurrió mirar la hora, y al verla su buen humor se esfumó. Tan solo faltavan tres cuartos de hora para que su despertador sonase.
Con el cuerpo pesado se levantó de la cama e intentó ser positiva. Su primer día en un instituto nuevo, lejos de sus antiguos amigos. Suspiró mientras se deshacía de la coleta con que había dormido. Se movió sin cuidado entre las cajas de cartón llenas de ropa y objetos. Escogió una bastante grande y quiso quitar la cinta aislante, pero tras varios intentos fallidos bajó a buscar el cutter. Con la herramienta ya en las manos intentó cortar la caja. Estiró el cutter hacía ella, y para una mayor presición aguantó la caja con la otra mano dejándo el pulgar al descubierto. El cutter se quedó atascado, así que tiró una vez con todas sus fueras. Consiguió abrir la caja, pero no fué hasta que no vió el hilillo de sangre de su dedo que no comprendió.
-Lo que me faltava - dijo con resentimiendo hacía sí misma.
Abrió mejor la caja donde guardaba parte de la ropa que más le gustaba y se puso a buscar. Sacó sus pitillos negros lisos y una sudadera roja sin capucha y las palabras "Hold you" grabadas en blanco. Se vistió deprisa y buscó las botas militares. No encontró las negras así que tuvo que llevar unas beige del mismo modelo, pero que la irritaban al caminar porque la suela era resbaladiza.
Resopló de mala gana mientras se ataba los cordones intentando no partir alguna de sus frágiles y largas. Tal vez debería tomar más lácteos, porque su falta de calcio era más que visible, pero la idea de tener que comer el queso que tiraba de sus bocadillos o tomar la leche que sobraba al tomar los cereales de provocaba malestar.
Salió de su cuarto con intención de ir al baño, pero se acordó que ahora tenía uno propio. Volvió a abrir la puerta de su cuarto y buscó la del baño. Después de divisarla de metió dentro y se lavó la cara y los dientes. Usó el perfume que su madre creía haber perdido semanas atrás y se pasó ligeramente el peine. Después con ayuda de agua y espuma terminó de arreglar las ondas ligeramente riazdas.
Salió y tomó lo que sería su mochila y bajó las escaleras. Escribió una nota corriendo en la que anunciaba que volvería sobre las cinco y media de la tarde. Sus padres hacía tiempo que se habrían marchado. Cerró la puerta con llave y empezó a caminar calle abajo hacía el instituto. Pasó por al lado de la casa que la mantuvo despierta suficientes horas de la noche como para causarle bolsas malva bajo los ojos, que supo esconder bajo consistentes capas de crema. El dolor de cabeza por culpa del ruido se había marchado, pero los persistentes ojos castaños del chico aún estaban presentes en su cabeza.
Llegó a la puerta de lo que sería su escuela, pero que percibía más como una mansión. Vió a otra gente entrar así que les imitó. Miró el papel de la inscripción y subió al tercer piso buscando una de las clases de Décimo (4to ESO). Esperó fuera hasta que vió llegar al profesor y le saludó. Él subió la barbilla preguntando si era ella y Julia asintió.
El hombre masivo, con espalda ancha y hombros huesudos entró en clase y ella le siguió. En el aula espaciosa se habían formado varios grupitos de gente que hablaba entre sí. Julia recorrió con la mirada a todos. Había todo tipo de personas. No reconoció a nadie. Ni siquiera a él. Tal vez fuera a la otra clase, o tal vez mucho más mayor. Pero... pero a lo mejor después de lo de anoche no habría venido. O simplemente... Simplemente tendrá que dejar de darle vueltas, pero esos ojos marrones son difíciles de sacar de la cabeza.
-Buenos día - saludó el profesor, pero al ver que no surgía efecto y nadie se tranquilizaba carraspeó con fuerza y la gente se giró dándose cuenta por primera vez de su presencia - Sentaros, porfavor.
Se oyeron varios resopidos y quejas por parte de todos, que con movimientos perezosos abandonaron las sucosas conversaciones para dirijirse a su lugar. Julia sonrió para sí pensando que ella haría exactamente lo mismo.
-Hace unos pocos días la señorita Julia Williams se ha mudado des de Miami-Florida hasta aquí, así que pese a que el curso ya haya empezado y estemos a más de la mitad del primer trimestre se ha podido incorporar en nuestro centro - el hombre sonrió y quiso continuar, pero la puerta se abrió y un chico con el cabello despeinado y adormilado entró por la puerta - Blake, ¿cree usted que es hora de entrar en clase sin avisar?
Éste se giró hacía el profesor con expresión molesta, pero al darse cuenta de la presencia de ella se despertó de repente y parecía tener fuerzas nuevas para ponerse rojo e intentar arreglar su mata de pelo rubio cenizo. Julia, por su parte, le miraba fijamente y tenía la boca ligeramente abierta. Sintió como le suben los colores.
-Esta tarde estarás castigado hasta las siete estudiando. Como iba diciendo, Julia acaba de llegar a nuestra comunidad de San Francisco, así que os pido que la ayudéis en lo que podáis para que su adaptación sea más rápida - dijo mientras ella seguía con la mirada a Blake, que se sentó en una de las últimas filas junto a una chica con el pelo casi blanco recogido en una trenza de lado - Así que Julia, si quieres decir algo antes de que te indique tu sitio, o si alguien quiere preguntar algo ahora puede hacerlo.
-Siendo de Miami, ¿te podemos considerar una futura estrella de películas "especiales" para hombres de verdad como yo? - preguntó un chico formando una sonrisa burlona.
-Carter, no creo que esa pregunta sea de lo más...- empezó el profesor, pero Julia se prometió a si misma antes de empezar la nueva vida que no dejaría que cosas como estas pasasen.
-Nunca he pensado en dedicarme a actuar en séries infantiles, pero si eso les causa placer a los hombretones de verdad como tú podría considerar hacer un cásting para dobladora de voz en Dora la Exploradora - dijo ella con cierta ironía mientras observaba complacida mientras la sonrisa de éste se disipaba - Claro, siempre y cuando ésto no sea demasiado extremo para tí.
-Bien, Julia, síentate allí - indicó el profesor cortante hacía una mesa vacía en penúltima fila al lado de una chica morena. Pero la chica morena no importaba, importaba el chico que se sentaba detrás de ella, y que ahora mismo la estaba mirando con los ojos agrandados por la impresión.
Bajo la mirada atónita de la mayoría se dirigió a su nuevo sitio. Saludo débilmente a la chica y se sentó a su lado, sacando un estuche chillón y un carpesano lleno de dedicatorias y separadores de colores. Tenía las puntas roídas, pero un gran valor sentimental. Su tapa había sido recubierta de docenas de fotos de su antigua vida. Se dispuso a buscar las hojas de papel que había comprado cuando la chica de su lado habló:
-¿Que acaba de ser éso? - preguntó mientras la miraba fijamente, pero Julia sólo estaba atenta a la persistente mirada de Blake en su nuca.
-Creo que ha quedado claro que es una pregunta que han hecho - respondió de mala gana mientras intentaba descifrar la letra complicada de la pizarra. Estaba harta de esta ciudad y estaba harta de este instituto.
-Creo que con ése carácter que tienes no llegarás a mucho aquí - dijo la chica mientras jugueteaba con un mechón de su pelo negro que le llegaba hasta los hombros.
-Lo sé - suspiró sonoramente - Pero estoy harta de todo. He tenido que dejar atrás una vida no tan maravillosa, pero aún sin tener una mejor amiga o novio era mi vida y sabía qué hacer y cómo hacer, pero aquí simplemente me siento perdida y tonta.
-No digas eso, tonta. Vas a ser genial aquí, y encima más si tienes amigas cómo nosotras, ¿verdad Dakie? – preguntó ésta mientras se giraba a ver a la rubia, que rehacía por décima vez aquella trenza.
–¿Huh? – soltó ella despistada, mientras la morena negaba para sí misma al ver a su mejor amiga tan atontada.
–Des de que se ha enamorado la pobre parece que le hayan succionado el cerebro, pero ya verás que luego vuelve a ser la misma loca de siempre – dijo ésta con una sonrisa sincera, cosa que hizo que Julia se sintiera mejor y dejara los pensamiento negativos de lado – Por cierto, Julia, me llamo Sienna y la embobada es Dakota. Este chico tan guapo y adormilado de aquí al lado – dijo señalando con cariño al rubio que habia entrelazado sus manos en forma de almohada y había apoyado la cabeza – es Blake. Mi consejo es que no te enamores de él, y menos de Carter.
Julia sintió una puñalada. No es que estuviera enamorada ni nada, ni siquiera le gustaba. Peor la idea de tenerlo prohibido no la hacía gritar de alegría.
–¿Él te gusta? – preguntó con miedo la chica mientras miraba el polo a rayas del chico que parecía dormir plácidamente sobre la mesa.
–¿Él te gusta? – preguntó con miedo la chica mientras miraba el polo a rayas del chico que parecía dormir plácidamente sobre la mesa.
Al oír el comentario Dakota rió por lo bajo. A Julia le molestó eso, pero no dijo nada. La rubia se dió cuenta de la irritación de la otra así que contestó rápidamente.
–Nosotras le consideramos nuestro hermanito pequeño, aunque la mitad de éste instituto esté detrás de él. Shinn te lo decía porqué aunque a veces se haga el duro en realidad es muy tonto – Julia asintió contenta, pero antes de poder responder oyeron una voz estridente.
–Señorita Williams, me parece genial que te adapte tan bien, pero intenta prestar un poco de atención a clase también – dijo el profesor en un tono enfadado y gritón, y pareció que fué lo único que consiguió que Blake se despertara, porqué del susto casi se pone de pié. Toda la clase empezó a reír por lo bajo, pero eso solo causó que el enfado del profesor aumentara.
Julia decidió callar las próximas dos horas, cosa que no consiguió, así que empezó a intercambiar notitas con sus dos nuevas conocidas mientras el chico de su espalda volvía a caer en un gran sueño.
Cuando el timbre sonó para dar comienzo al almuerzo Julia casi salta de la silla de alegría. Así que recogió sus cosas y las dejó junto a la mochila. Rebuscando dinero en la mochila se sorprendió al ver a casi toda la clase alrededor suyo mirándola como si fuese el nuevo descubriemiento del siglo. Le hacían preguntas extrañas relacionadas con su manera de hablar, su edad, sexualidad y si la expulsaron del otro instituto por acudir desnuda a clase. La sorpresa fué aún mayor cuando Dakota la cogió de la mano, y, seguida de Sienna la sacaron del círculo donde no habría tardado en gritar por el agobio. Salió por la puerta de la clase protegida por la rubia y la morena. Miró hacía tras varias veces, pero la multitud parecía haberse engullido a Blake, a quien no pudo ser presentada.
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Bueno, ya habéis conocido a la protagonista de la novela. Sinceramente creo que el capítulo es un poco penoso, pero quería acabarlo cuanto antes. Siento no haber subido anoche, pero escribir un capítulo tan largo y para mi elaborado cuesta lo suyo xD Tenéis suerte de que ahora no pueda quedar y mi vida social sea cero que si no veríais capítulo por Pascua y Navidad xDDDD Ala, comentad :'D. or cierto, el prólogo iba para Clau, así que este capítulo va para Sara, quien me ha dado ánimos de continuar. Gracias!!!